Por Jesús Garzón

Cuando una empresa, con un volumen cuantioso de tránsito, bien sea de tráfico rodado o de individuos, invierte en un sistema de control, necesita contemplar varias variables si quiere tener la seguridad de que está eligiendo un proveedor que le garantiza el control integral de sus accesos y la adaptabilidad de cara a nuevas mejoras.

Muchos sistemas de control de accesos vienen dotados con tarjetas y lectores que pueden verse comprometidos fácilmente. Algunas de las viejas tecnologías de 125 Khz pueden copiarse en cuestión de segundos. También las tarjetas en blanco pueden convertirse con fraude, en una tarjeta de identificación de un empleado.

Incluso un sistema de encriptación puede que no sea seguro debido a una pobre gestión de claves sensibles, a algoritmos de encriptación inadecuados o a un diseño débil. La forma en que se guardan las claves y el tipo de conexión al sistema de control de acceso son clave para determinar la seguridad de un sistema. Por ejemplo, actualmente se usa mucho Wiegand, que sin embargo, es muy vulnerable a ataques simples.

Implementar un sistema de control de accesos, con la infraestructura e inversión que ello conlleva, para tener fugas de seguridad, es una situación indeseable y muy poco rentable. Sin embargo, es algo que en muchas ocasiones no se contempla y, por ello, no son pocas las empresas que al poco de estrenarlo descubren que el sistema integrado se basa en una tecnología de tarjeta o de lector débil y, por lo tanto, sencilla de burlar. Y positivo es al menos detectar que hay brecha de seguridad. Porque peor escenario es, el de la falta de noción de estas fugas que permiten accesos no controlados.

Por todo ello, a la hora de escoger un sistema de control de accesos, es fundamental asegurarse de que la tecnología que lo sustenta es segura y, como vamos a ver a continuación, adaptable a mejoras y complementos.

Flexibilidad y adaptabilidad

Todos conocemos a estas alturas a qué ritmo y velocidad se desarrollan las tecnologías. Lo pionero hoy, puede estar obsoleto mañana. Y el coste de actualización o de adaptación a una última generación que mejore y optimice los sistemas anteriores, o los complete, no es algo que las empresas quieran, ni puedan, asumir cada poco tiempo.

Para evitar al máximo la inoperatividad con nuevos complementos o la obsolescencia de nuestros equipos de seguridad, tanto en software como en hardware, se recomienda adquirir sistemas que estén prediseñados con flexibilidad y una visión de futuro. Es decir, sistemas con arquitectura abierta que estén preparados para adaptarse a nuevas tecnologías que optimicen aún más lo ofrecido en primera instancia.