¿Dejarán de existir algún día las contraseñas en el mundo digital?

Imaginemos por un momento que las contraseñas dejasen de existir de un día para otro. Más de uno estaría encantado si ese momento llegase. Los más diligentes ya no tendrían que andar con reglas mnemotécnicas para recordar sus claves; mientras que los más perezosos ya no tendrían qué tenerlas escritas en un postit en la pantalla del ordenador de la oficina.

Por supuesto, no nos referimos a un mundo en el que no hubiese restricciones de acceso a nuestros dispositivos digitales y cuentas en Internet. Hablamos de la biometría como factor de seguridad. Sin embargo, ¿viviríamos en un mundo ciberseguro si se acabasen las contraseñas?

Gracias a avances tecnológicos como la biometría facial, la biometría volumétrica, los chips en el cuerpo, el reconocimiento de voz, las huellas dactilares o incluso los tests de ADN, podríamos sustituir el uso de las contraseñas para muchas acciones cotidianas. Pero, en ningún caso, todos estos avances acabarían con las contraseñas.

“Un mundo sin claves, sería un mundo menos seguro”, advierte Hervé Lambert, Global Consumer Operations Manager de Panda Security. “Las contraseñas siempre tendrán que seguir existiendo, ya que uno puede tener un accidente y quedarle la cara desfigurada o perder la mano con la que usaba sus huellas dactilares. Aunque, también puede ser que la tecnología falle, y simplemente sea necesaria una contraseña para recuperar el acceso a cualquier tipo de aplicación” añade.

En este sentido, siempre será necesaria una autenticación de doble factor. Es decir, además de la biometría facial, el uso de otro dispositivo, o la lectura del iris, siempre habría que contar con un dígito de control de una u otra manera.

¿Poner chips a las personas como a los perros?

Por otro lado, el hecho de que nuestro cuerpo se convierta en un ‘dispositivo más’ que se puede monitorizar conlleva problemas éticos y morales, especialmente en lo que respecta a la  la privacidad de las personas.

Aunque en muchos casos podría ser positivo, como en el caso de sufrir un accidente o el de un secuestro, el hecho de que los seres humanos estemos siempre localizables y que en todo momento se sepa quienes somos es algo que podría usarse con malas intenciones.

Sin ir más lejos, China está reconociendo las caras de todos sus ciudadanos. En Estados Unidos se insinuó hace algunos años que también se estaba haciendo y la crisis de comunicación que generó obligó a las autoridades a negar que esto ocurriese. Mientras que en Europa, aunque se asegure desde la UE que estas prácticas no se llevan a cabo, es difícil confirmar que no exista algún organismo o empresa privada que lo esté haciendo por su cuenta, sin el conocimiento de la sociedad.

En caso de que el reconocimiento facial llegue a democratizarse tanto que se vuelva una realidad en todo el mundo, será imperativo un consenso entre todas las empresas de software, organismos públicos  y fabricantes para securizar la privacidad de la población.

Aún lejos de la biometría por ADN

Aunque es perfectamente posible usar el ADN de cada individuo como ‘clave de acceso’ para un dispositivo, todavía es una tecnología más propia de una novela de ciencia ficción que una medida biométrica real

Esto es porque las máquinas ya pueden detectar ciertos patrones en el ADN de un ser humano, pero el ADN es algo que está cambiando en tiempo real en un ser humano. Por tanto, las variables que podrían medirse a nivel de ciberseguridad serían bastante fáciles de hackear, si se cuenta con la tecnología y los conocimientos biológicos suficientes.

Aun así, dentro de pocos años las impresoras 3D podrán copiarlo prácticamente todo, incluso a escalas microscópicas. La ingeniería genética también podría ser un problema para la autenticación por ADN. La imaginación humana es ilimitada y para cada Ley siempre se genera una nueva trampa. Por tanto, el principal reto somos las personas.

El nuevo ciber delincuente de hoy se maneja muy bien en el mundo online y en el offline. Hay grupos súper organizados que son capaces de hacer de todo contando con grandísimos expertos de distintas disciplinas trabajando en equipo.

Por ejemplo, si un grupo organizado cuenta con los mejores informáticos, los mejores biólogos  y la financiación del departamento de Defensa de un país avanzado, es más que probable que se pueda hackear cualquier dispositivo, ya sea privado o público.

Siempre habrá alguien que tenga más inteligencia colectiva o un algoritmo más rápido que tú. Mientras el mundo esté hiperconectado a, la seguridad 100% será una quimera, a no ser que quitemos todos los cables y pongamos una protección física terrible.

Las contraseñas siempre serán el último respaldo disponible en caso de que el resto de métodos fallen. En ciberseguridad hay nuevas tecnologías que, en vez de sustituir a las antiguas, sirven como un complemento de seguridad. Al igual que, como decía la canción de The Bubbles,  “el vídeo no mató a las estrellas de la radio”, todo apunta a que la biometría tampoco matará a las contraseñas, sentencia Hervé Lambert.